"Aprovechamos la superficie de agua para apoyar los paneles sin ocupar terreno" "Aprovechamos la superficie de agua para apoyar los paneles sin ocupar terreno"

Medio Ambiente

La energía solar flotante se abre paso como solución eficiente y sostenible en Baleares

Manuel Romero Molina, ingeniero industrial y socio cofundador de SUD Renovables, lidera desde hace dos décadas proyectos de energía solar en España. Su empresa ha impulsado la primera planta fotovoltaica flotante en Cataluña y recientemente ha desarrollado en Mallorca la mayor instalación de este tipo en Baleares, apostando por una tecnología que optimiza recursos y reduce el impacto ambiental.

¿En qué consiste exactamente una planta fotovoltaica flotante?

La tecnología es la misma que el resto de instalaciones fotovoltaicas, con paneles de silicio cristalino como los que se utilizan en cubiertas o en suelo. Lo diferenciador es que aquí los paneles se soportan sobre una estructura flotante. No utilizamos terreno ni cubiertas, sino que aprovechamos la superficie de agua para apoyar los paneles, en este caso sobre una balsa de riego, que es un espacio que de otro modo no se estaría utilizando para generar energía.

¿Qué particularidades técnicas tiene este tipo de instalación?

Las instalaciones flotantes pueden hacerse en embalses artificiales, lagos naturales o incluso en el mar. El principal reto es que el agua es un medio cambiante: el nivel sube y baja según la época del año y puede haber movimiento por viento o pequeñas olas. Por eso el sistema debe estar bien amarrado para que no se desplace lateralmente, pero al mismo tiempo permitir el movimiento vertical. Incluso en el peor escenario, si la balsa se vacía, los paneles deben poder apoyarse en la base. También hay que diseñar el cableado con suficiente holgura para adaptarse a estas variaciones.

¿Qué ventajas tiene frente a ocupar suelo agrícola u otros espacios?

La primera ventaja es evidente: no ocupamos terreno, especialmente agrícola o natural, que es limitado y valioso. Pero además hay beneficios directos sobre la propia balsa. Los paneles reducen la evaporación del agua porque el sol no incide directamente, lo que puede suponer una reducción superior al 80%. En un clima como el Mediterráneo esto es clave. También disminuye la proliferación de algas, ya que el agua se mantiene más fresca y estable.

¿Y a nivel energético, aporta mejoras respecto a otras instalaciones?

Sí, también hay ventajas importantes. El agua actúa como un sistema de refrigeración natural, lo que reduce la temperatura de los paneles. Y en fotovoltaica, la temperatura es una de las principales fuentes de pérdida de eficiencia. Al trabajar a menor temperatura, se mejora el rendimiento entre un 10% y un 15%. Además, al no haber polvo como en el suelo, los paneles se ensucian menos, lo que también contribuye a mantener una mayor producción energética.

En un territorio como Baleares, ¿qué importancia tiene esta solución?

Es especialmente relevante porque el suelo es limitado y muy valioso. Igual que se prioriza el uso de cubiertas, las balsas de agua son espacios desaprovechados que se pueden utilizar. Esto permite aumentar la capacidad de generación sin competir con otros usos del territorio, como la agricultura o la conservación del paisaje. En islas como Mallorca, este tipo de soluciones tiene mucho sentido.

¿Qué se ha hecho en el proyecto de Capdepera?

En este proyecto se han instalado 2.528 paneles solares con una potencia total de 1.480 kilovatios pico. Todos están sobre una única superficie flotante en la balsa. El montaje se realiza de forma modular, como si fuera un sistema tipo “lego”: se empieza en el borde y se va desplazando hacia el agua añadiendo paneles. En total, la instalación se ejecutó en unas 16 semanas.

¿A qué equivale esta producción energética en términos comprensibles?

Estamos hablando de una producción aproximada de 1.800.000 kilovatios hora al año. Si lo llevamos a consumo doméstico, equivale aproximadamente al consumo anual de unas 600 familias, lo que ayuda a entender el impacto real que puede tener una instalación de este tipo.

Más allá de la energía, ¿qué impacto ambiental tiene?

Tiene varios impactos positivos. Por un lado, mejora la gestión del agua reduciendo la evaporación y la aparición de algas. Por otro, el impacto visual es mucho menor que en instalaciones en suelo, ya que los paneles están a baja altura y quedan más integrados en el entorno. En comparación con estructuras elevadas en terreno, la presencia es mucho más discreta.

¿Cómo es la percepción social de estos proyectos?

A nivel administrativo se valoran muy positivamente porque evitan ocupar suelo agrícola o natural. A nivel social aún son poco conocidos, pero cuando la gente los entiende, la percepción es buena porque se ven claramente sus beneficios. Además, muchas veces pasan desapercibidos porque no son visibles desde lejos, lo que también reduce el rechazo.

¿Es una solución replicable en Baleares?

Sí, completamente. Ya existen otras instalaciones y hay más proyectos en desarrollo. Hay interés por parte de la administración y también del sector. Es una solución que encaja bien en el territorio, aunque en algunos casos la titularidad de las balsas, que puede ser pública o compartida, hace que los procesos sean algo más complejos.

¿Qué retos implica desarrollar este tipo de proyectos?

Los retos no son tanto técnicos como administrativos. A diferencia de un terreno privado, muchas balsas dependen de comunidades de regantes o entidades públicas, lo que obliga a coordinar a varios actores. Esto puede ralentizar los procesos, pero es parte de la complejidad de este tipo de infraestructuras.

Mirando al futuro, ¿cómo ves esta tecnología en Baleares?

Creo que tiene un crecimiento claro. Cualquier propietario de una balsa con consumo energético asociado, como el riego, se lo planteará. Además, el contexto actual refuerza esta tendencia: la necesidad de independencia energética, la estabilidad de costes y la transición hacia energías limpias hacen que este tipo de soluciones tengan cada vez más sentido y más peso en el futuro energético de las islas.


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