"Cabrera demuestra que es posible ser autosuficientes energéticamente y conservarse a la vez" "Cabrera demuestra que es posible ser autosuficientes energéticamente y conservarse a la vez"

Medio Ambiente

María Francisca López Cortés, directora del Parque Nacional Marítimo-Terrestre de Cabrera, explica cómo el archipiélago se ha convertido en un laboratorio vivo de sostenibilidad

María Francisca López Cortés es la directora del Parque Nacional Marítimo-Terrestre del Archipiélago de Cabrera desde 2017. Bióloga de formación y con larga experiencia en gestión ambiental, ha liderado un ambicioso proyecto de transición energética y mejora de infraestructuras gracias al Impuesto de Turismo Sostenible. Conversamos con ella sobre agua, energía, movilidad y los retos de preservar este espacio único.

¿Cuándo y por qué decidieron dar el giro hacia un modelo integral de sostenibilidad en Cabrera?

Cuando asumí la dirección en 2017 vimos dos urgencias: infraestructuras obsoletas y una dependencia total del diésel que no encajaba con un Parque Nacional. Priorizamos el agua —canalizaciones, depósitos y hábitos de ahorro—, redimensionamos la fotovoltaica con almacenamiento suficiente y replanteamos la movilidad interna para reducir vehículos y ruidos. No se trataba de “sumar aparatos”, sino de cambiar la forma de operar del parque de arriba abajo.

¿Qué papel ha jugado la energía fotovoltaica en esa transición y qué cambios concretos se han implementado?

La fotovoltaica es el corazón del sistema. Instalamos campos solares con inversores modernos y bancos de baterías capaces de cubrir consumos esenciales. Los generadores de respaldo se encienden de forma alterna una hora a la semana para mantenerlos operativos, no para producir. Con este esquema, durante los meses de mayor insolación trabajamos exclusivamente con energía renovable y con una calidad de suministro estable.

¿Hasta qué punto Cabrera es hoy autosuficiente en energía y cómo se gestionan los meses con menos sol?

En primavera y verano alcanzamos la autosuficiencia renovable prácticamente total. En otoño e invierno, cuando hay menos horas de luz o encadenamos días nublados, podemos requerir apoyo puntual del generador, sobre todo nocturno, cuando baja la capacidad útil de las baterías. Aun así, el balance anual se ha inclinado de forma clara hacia las renovables, con una reducción muy significativa de consumo de gasoil y de emisiones.

El agua es el recurso más sensible en islas pequeñas. ¿Qué se ha hecho y qué queda por hacer?

Primero atacamos pérdidas y mejoras de eficiencia: renovación de tramos críticos, sectorización para detectar fugas y control de consumos. En paralelo, trabajamos en la depuración y en cerrar mejor el ciclo, ajustando dimensionamientos para no sobrerregular un sistema delicado. La clave es reducir demanda antes que instalar soluciones de alto impacto: cada litro ahorrado evita transportar, almacenar o depurar más de lo necesario.

¿Cómo ha cambiado la movilidad interna con la introducción de bicicletas y equipos eléctricos?

Muchísimo. Para distancias cortas usamos bicicletas eléctricas con buena suspensión, idóneas para el terreno de Cabrera y para el calor. Las emplean educadores, guías, mantenimiento y agentes ambientales. Hemos reducido desplazamientos en vehículo, ruidos y polvo, y mejorado los tiempos de respuesta en el día a día. Para cargas o trayectos largos seguimos usando otros medios, pero el grueso de la movilidad cotidiana ya es de cero emisiones.

Se ha incorporado una embarcación eléctrica para la vigilancia. ¿Qué aporta en un parque marino-terrestre?

Aporta coherencia y eficacia. Patrullamos la bahía y supervisamos fondeos con una semirrígida eléctrica que se recarga con nuestra propia energía solar. Disminuye emisiones y ruido, factores críticos para la fauna y para la experiencia de los visitantes. Además, simplifica la logística del combustible y reduce riesgos asociados al manejo de hidrocarburos.

Se dice que Cabrera es un “laboratorio vivo”. ¿Qué significa en la práctica?

Significa probar, medir y ajustar soluciones en condiciones reales: microredes solares aisladas, protocolos de ahorro de agua, movilidad suave, vigilancia eléctrica. Documentamos resultados y los compartimos con otras islas y municipios para que repliquen lo que funciona —o lo mejoren—. El aprendizaje es continuo y forma parte del proyecto tanto como la inversión en equipos.

¿Cómo se concilia conservación estricta, el uso público y la educación ambiental sin que una cosa perjudique a la otra?

Si el parque predica con el ejemplo, el visitante entiende el modelo. Reducir ruidos, ordenar itinerarios, ofrecer sombra y señalización clara, y proponer actividades interpretativas de calidad disminuye presiones y mejora el cumplimiento de normas. Pedimos comportamientos responsables, pero también facilitamos que ocurran: información anticipada, servicios bien dimensionados y una experiencia que ponga en valor por qué cuidamos lo que cuidamos.

¿Qué papel ha jugado la financiación del Impuesto de Turismo Sostenible y por qué es clave mantenerla?

Ha sido el catalizador que convirtió la estrategia en realidad: fotovoltaica con baterías, movilidad eléctrica en tierra y mar, y mejoras de infraestructuras básicas. Es un retorno tangible de la actividad turística hacia los ecosistemas que la sostienen. Mantener esa vía permite consolidar lo logrado, cubrir mantenimiento y abrir nuevas líneas —especialmente en agua y adaptación al cambio climático— sin volver a modelos fósiles.

A quienes dudan de la “replicabilidad” de Cabrera, ¿qué les diría y cuál es el siguiente horizonte?

Que la escala pequeña es una ventaja: permite prototipar con menos riesgo y demostrar viabilidad. Ahorrar agua, electrificar la movilidad cotidiana, operar con renovables y limitar el diésel son decisiones trasladables con ajustes locales. Nuestro siguiente horizonte es ampliar meses de autosuficiencia, cerrar mejor el ciclo del agua y seguir reduciendo huella operativa. La idea es simple: conservar mejor funcionando mejor.


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