El campo balear no solo produce alimentos, también mantiene vivo el paisaje, la biodiversidad y la identidad del territorio. Dos proyectos financiados por el Impuesto de Turismo Sostenible apuestan por reforzar ese modelo agrícola sostenible: uno dedicado al mantenimiento de márgenes de piedra seca, otro centrado en fomentar cultivos de secano, con variedades locales y técnicas respetuosas con el entorno.
Detrás de los almendros en flor, los muros de piedra seca, los bancales que dibujan las laderas y los sembrados que colorean el territorio, el paisaje de las Islas Baleares cuenta historias de generaciones que han trabajado la tierra. Pero más allá de su valor estético o patrimonial, el paisaje agrario tradicional cumple funciones ecológicas fundamentales: regula el agua, previene la erosión, conserva la biodiversidad y almacena carbono. Es una infraestructura verde construida con paciencia y manos payesas.
Este legado se ve amenazado por factores como la pérdida de explotaciones familiares, el abandono de tierras y la presión urbanística y turística, que han provocado una transformación del paisaje rural. Desde los años 70, más del 30 % de la superficie agrícola balear ha desaparecido o está en desuso. Hoy, proteger ese paisaje no solo es una cuestión cultural o sentimental, sino también ambiental y estratégica. La agricultura tradicional es, hoy más que nunca, una herramienta para conservar el entorno.
Con este enfoque, el Impuesto de Turismo Sostenible (ITS) financia dos proyectos que miran al pasado para proteger el futuro. El primero se centra en la recuperación y mantenimiento de márgenes de piedra seca, una técnica que ha modelado el paisaje mallorquín y menorquín durante siglos. Además de evitar que el suelo se desplace con las lluvias, estos muros retienen humedad, crean microhábitats para insectos, reptiles y aves, y permiten el cultivo en zonas de pendiente. También son parte del patrimonio cultural inmaterial de la humanidad, según la UNESCO desde 2018.
El segundo proyecto se dedica al impulso de cultivos herbáceos extensivos de secano —como cereales, legumbres o forrajes— en pequeñas explotaciones. Esta práctica no solo garantiza productos locales y de temporada, sino que mantiene suelos vivos, ayuda a cerrar ciclos de nutrientes, y permite combinar agricultura con ganadería extensiva. Todo ello sin riego ni fertilizantes químicos, siguiendo técnicas tradicionales adaptadas al clima mediterráneo.
Los cultivos locales tienen un valor añadido: están adaptados al entorno, requieren menos recursos y resisten mejor plagas y sequías. Variedades como el blat xeixa, el meló ermità o ciertas legumbres autóctonas no solo tienen más valor nutricional o gastronómico, también son parte del acervo genético que puede garantizar la seguridad alimentaria en escenarios de cambio climático.
Además, cuando hablamos de campo, hablamos también de un trabajo que muchas veces pasa desapercibido, pero que es esencial para mantener el paisaje, la biodiversidad y la cultura del territorio. Estos proyectos apoyan a agricultores que mantienen viva la actividad agraria en favor de toda la ciudadanía. El 75 % de las explotaciones agrarias de Baleares son de menos de 5 hectáreas, y muchas de ellas están en manos de personas que compaginan otras actividades o lo hacen como forma de vida más que como negocio. Sin incentivos ni apoyo, ese modelo está condenado a desaparecer.
Y con él, lo haría también un paisaje que forma parte de la imagen de marca de las islas, del atractivo turístico y de su biodiversidad. Porque el paisaje agrícola es también hábitat para miles de especies, muchas de ellas en peligro: abejas, aves esteparias, reptiles y flora silvestre que dependen de los cultivos abiertos, los barbechos, las paredes de piedra o los árboles aislados.
Gracias a la financiación del ITS, estos proyectos ayudan a sostener esa red de vida y saberes. No se trata solo de producir alimentos o conservar muros antiguos, sino de invertir en resiliencia: la de los ecosistemas, la de la cultura agraria, la de un territorio que quiere seguir siendo habitable y equilibrado.
Un programa del Govern fomenta la viabilidad de explotaciones sostenibles y diversas
Govern de les Illes Balears
Mallorca, Menorca, Ibiza, Formentera
3.000.000 €
Rehabilitación de paret seca y replantación de árboles en zonas agrícolas tradicionales
Govern de les Illes Balears
Mallorca, Menorca, Ibiza, Formentera
4.000.000 €
El proyecto apoyó a pequeñas fincas sostenibles que conservan prácticas agrícolas tradicionales
Govern de les Illes Balears
Mallorca, Menorca, Ibiza, Formentera
1.123.459 €
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